Jane no pide permiso para tener una vida interior tan grande como el mundo.
Jane Eyre avanza como una conversación íntima con alguien que ha aprendido a no hacerse pequeña. Su fuerza no está en no tener miedo, sino en no confundir miedo con obediencia.
El libro tiene una atmósfera oscura y romántica, pero su centro es profundamente práctico: dignidad, trabajo y la posibilidad de elegir.
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